El 23 de diciembre por la noche Fabiana sintió un dolor abdominal que describió como “dolor de parto”. Tardó cinco días en ir a la guardia. Fue recién el 28 cuando se presentó en el CEMIC de Saavedra con el dolor aún intenso. “Tengo un umbral de dolor muy alto. Además, a fines del 2023 me había hecho una endoscopía alta y baja, y me había salido todo perfecto. Nunca pensé que podía tener algo”, relató.
Pero lo que parecía un episodio aislado era, en realidad, la señal de un cuadro mucho más complejo. Los primeros estudios, una resonancia y una tomografía, indicaron la presencia de una masa tumoral en la zona del recto. “Me dijeron que tenía un cuadro oclusivo secundario al tumor que estaba en el recto bajo cerca del ano, y que iba a necesitar quimio y rayos antes de poder operar el tumor. El 29 me hicieron una colostomía para liberar la zona y resolver la oclusión, sin operar el tumor, pero todo cambió cuando el caso lo tomó el doctor Nicolás Avellaneda”, agregó.
El 6 de enero, apenas unos días después, Avellaneda decidió intervenir quirúrgicamente. “Él dijo que lo que originalmente parecía un cáncer de recto bajo, en realidad le parecía un tumor del colon izquierdo que, por el tamaño, caía hacia abajo generando una intususcepción del colon sobre el recto, causando la oclusión”. Mirando para atrás, Fabiana recuerda haber tenido varios episodios previos con un dolor similar, pero teniendo una endoscopía normal, se había quedado tranquila pensando que no era nada.
La operación fue compleja: la inflamación era tan grande que no pudo resolverse por vía laparoscópica, y hubo necesidad de realizar una cirugía abierta. “Avellaneda me salvó la vida con esa operación. Después de tanto dolor, él fue quien tomó la decisión correcta en el momento justo”, contó Fabiana con gratitud. En la cirugía, se sacó el tumor junto con el segmento afectado por la intususcepción, que era grande debido a la inflamación, y los ganglios circundantes. La colostomía de la cirugía previa se dejó temporalmente para proteger la anastomosis que se realizó en la segunda cirugía.
El proceso de recuperación no fue sencillo. La colostomía trajo consigo un prolapso que obligó a una nueva internación de tres días. Todo el proceso de recuperación de la cirugía duró aproximadamente 2 meses, tiempo durante el cuál con gran alegría, el informe del estudio histopatológico realizado a la pieza que se extirpó con el tumor reveló que Fabiana se encontraba curada ya que el tumor se encontraba en un estadío muy inicial. En otras palabras, Fabiana no iba a necesitar quimio y radioterapia, como habían pensado originalmente.
El 20 de marzo, aproximadamente 2 meses después de la primera cirugía, Nicolás logró hacer la reconexión. Desde entonces, Fabiana volvió a una vida normal. “La mayoría de los inconvenientes tuvieron que ver con la colostomía, más que con la operación. La cirugía salió bárbara. La cicatriz no fue suturada, él decidió cerrarla con azúcar. Parecía un volcancito donde estuvo la estoma y eso hoy está totalmente plano. Fue una decisión fantástica, ya que estéticamente no queda ninguna señal de la cicatríz. Sinceramente puedo decir que me salvó la vida dos veces”, explicó.
La intervención incluyó la resección del pólipo con márgenes y la extracción de una porción importante del colon. Avellaneda, además, identificó una invaginación del pólipo que había generado el dolor tan profundo que Fabiana padecía desde días antes. “Lo que me generaba ese dolor era esa invaginación. Nunca tuve sangrados, ni síntomas digestivos. Sólo algunos episodios de inflamación y gases, pero los resolvía sola. Por eso no sospeché nada”, añadió.
Hoy Fabiana se está readaptando con el acompañamiento de una nutricionista, retomando su alimentación y hábitos saludables. Y continúa en control con Nicolás. “Voy paso a paso, no me adelanto. Él me ayudó en todo. Incluso me recomendó personas de su equipo para otras cuestiones médicas. Es un amor de persona”, prosiguió.
Pero si algo le quedó claro después de esta experiencia, es la necesidad de hacerse controles periódicos. “Mi primer colonoscopía me la hice a los 53 años y, como me dio perfecta, no me la volví a hacer más. Y no debería haber sido así. Estos estudios salvan vidas. Aunque seas sana, hagas deporte y te alimentes bien, igual pueden aparecer estas cosas. Por eso recomiendo que no se espere a sentir algo para actuar”, manifestó.
Para terminar, Fabiana dejó un mensaje firme y necesario: “No hay que subestimar nada. Que el miedo no les gane. Que no sea el temor lo que impida hacerse los estudios. Porque cuando se detectan a tiempo, los pólipos se pueden sacar sin llegar al extremo que llegué yo. Si mi testimonio puede ayudar a tomar conciencia, entonces bienvenido sea”.


