Claudia, oriunda de Resistencia, Chaco, estuvo casi cinco años con dolor, incertidumbre y diagnósticos erráticos hasta que encontró una respuesta concreta que le permitió volver a vivir con bienestar. Su historia es, sobre todo, un ejemplo de perseverancia, de búsqueda activa de una solución y la importancia de llegar al profesional indicado.
A fines de 2020 comenzó con problemas intestinales que derivaron en una primera cirugía por obstrucción intestinal localizada en el colon sigmoides. Luego de operada, el cuadro volvió a repetirse. “Me hicieron dilataciones endoscópicas en el colon, me ponían stents, iba y venía, pero nadie lograba decirme qué tenía realmente”, contó.
Con el tiempo, la situación se agravó. Aparecieron fístulas —primero una a nivel del ano y luego una enterocutánea— y consultando le indicaron seguidilla de tratamientos que no resolvían el problema de fondo. Incluso llegó a realizar durante meses un tratamiento que luego se comprobó que no correspondía a su verdadero diagnóstico. “Yo ya estaba cansada. No comía, estaba todo el día en la cama, me dolía todo y anímicamente estaba en el piso”, recordó.
Fue entonces cuando decidió buscar una nueva opinión por su cuenta. Investigando dio con el nombre del doctor Nicolás Avellaneda y pidió una consulta. “Cuando me atendió, leyó toda mi historia clínica y me dijo: ‘Creo que ya sé lo que tenés y qué es lo que hay que hacer’”. “Fue la primera vez en años que sentí que alguien entendía realmente mi caso”, añadió Claudia.
En esa primera entrevista, el médico fue claro y honesto. Intentaría, en primer lugar, una alternativa médica, pero no descartó una cirugía compleja si no existía otra opción. Poco tiempo después, el propio Avellaneda volvió a comunicarse con ella para confirmarle que, en su caso, la cirugía era inevitable. “Me explicó todo. Me dijo que no había solución con medicación y que había que operar. Yo ya no daba más. Entonces le dije que sí, que avanzáramos”, prosiguió.
El diagnóstico definitivo fue enfermedad de Crohn, una patología que explica años de síntomas, obstrucciones y complicaciones. Esta enfermedad le había ocasionado que tenga una fístula (una comunicación anómala entre el intestino y otro órgano) entre el colon transverso y la piel; una segunda fistula entre el colon sigmoides y la vejiga; y una tercera fístula entre el ano y la vagina. Esto se sumaba al dolor crónico ocasionado por estas fístulas y el mal estado generalizado por años de no recibir un tratamiento adecuado. A su vez, ella y su marido consultaron en varios hospitales, donde lo que recibieron fueron pretextos para no operarla.
Con este panorama, Claudia decidió tomar un avión de Resistencia a Buenos Aires para llevar adelante la intervención que, finalmente, se realizó en octubre del año pasado. Para ella ese momento marcó un antes y un después: “La verdad, me cambió la vida”.
El procedimiento quirúrgico consistió en la remoción de todos los segmentos de intestino afectado, debiendo realizar también una resección parcial de la vejiga afectada por la enfermedad y de la pared abdominal. Posterior a eso, se realizó una ileostomía transitoria hasta que Claudia mejorara su estado general.
Hoy, su presente es completamente distinto. “Estoy bien, me siento bien. Tengo ánimo, hago mis cosas, estoy con mis nietos, viajamos… volví a vivir”, manifestó con una sonrisa en su rostro.
Luego de la cirugía continúa con tratamiento médico con una droga biológica, para la cual se realiza inyecciones subcutáneas periódicas y mantiene seguimiento médico. Además, convive de manera transitoria con una ileostomía y se encuentra evaluando, junto al doctor Avellaneda, una futura cirugía de reconexión. “Él me dijo que no me apure, que primero descanse y me recupere bien”, explicó.
Durante el proceso, Claudia también necesitó acompañamiento psicológico: “Yo ya antes de la cirugía había empezado tratamiento porque estaba muy caída. Hoy estoy bien, salgo, cuido mis plantas, volví a mi taller de pintura, retomé prácticamente toda mi vida normal”.
En todo este recorrido, el acompañamiento de su marido, Alfredo, fue fundamental. “No me abandonó ni un momento. Siempre estuvo al lado mío, al pie del cañón”, destacó, mientras él también mostró una enorme sonrisa durante la entrevista, mostrándose muy conforme con el resultado de tanto esfuerzo y trabajo realizado.
Al hablar del doctor Avellaneda, ambos hicieron hincapié en algo que va más allá de lo estrictamente médico. “Siempre estuvo preocupado, presente, acompañando cada paso”, sostuvieron y Claudia agregó: “Yo siento que fue Dios el que me puso a él en el camino porque quería que sanara”, expresó. “Busqué un especialista, apareció su nombre y dije: este va a ser el médico al que voy a consultar y me va a dar mi verdadero diagnóstico. Y no me equivoqué”, prosiguió.
Desde su experiencia, Claudia remarca la importancia de no minimizar los síntomas ni postergar decisiones cuando la salud se deteriora. Por eso, brindó un consejo para quienes están atravesando una situación similar a la suya: “No duden. Es una enfermedad que avanza en silencio. Yo tuve seis horas de cirugía, estuve en terapia algunos días por control, pero salí bien. El que tiene un problema así no tiene que esperar, porque el tiempo juega en contra”.
Su mensaje es claro y directo: buscar un profesional de confianza y ponerse en manos de un especialista con experiencia. “Yo lo recomiendo sin ninguna duda al doctor Avellaneda y su equipo. No solo por lo profesional, sino por cómo te acompañan cuando más lo necesitás. En mi caso, fue la decisión que me devolvió la vida”, concluyó Claudia.

