Recientemente finalicé mi segunda maestría: un Máster en Proctología otorgado por TECH Global University, una institución reconocida oficialmente integrada en el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES)
Este programa, de 60 créditos ECTS y 1800 horas de formación, abarca de manera integral las principales patologías proctológicas, desde las enfermedades benignas más frecuentes hasta patologías complejas, incorporando además aspectos diagnósticos, terapéuticos y avances actuales en la especialidad
A diferencia de etapas más tempranas de la formación, en las que el aprendizaje implica adquirir nuevos conocimientos, realizar esta maestría en este momento de mi carrera tuvo otro objetivo:
actualizar, ordenar y profundizar conceptos fundamentales de la práctica diaria.
En medicina —y especialmente en cirugía— el conocimiento evoluciona de manera constante. Nuevas evidencias, nuevas tecnologías y nuevas estrategias terapéuticas obligan a una revisión continua de lo que hacemos.
Por eso, la formación no debería entenderse como una etapa limitada en el tiempo, sino como un proceso permanente.
Seguir formándose no es solo incorporar información nueva, sino también cuestionar prácticas establecidas, validar decisiones clínicas y alinear la experiencia con la mejor evidencia disponible.
En este sentido, este tipo de programas permite detenerse, revisar y consolidar el conocimiento desde una mirada más madura, integrando la experiencia acumulada con los avances actuales.
Más allá del título, el verdadero valor está en mantener una actitud activa hacia el aprendizaje.
Porque en medicina, mantenerse actualizado no es opcional: es parte fundamental de ofrecer la mejor atención posible a nuestros pacientes.















