Tuve el honor de participar como panelista en IBD LIVE 2026, el ciclo de discusión de casos clínicos organizado por Cleveland Clinic.
Este formato reúne a especialistas de distintos países para discutir, en tiempo real, casos complejos de enfermedad inflamatoria intestinal (EII) atendidos en centros de referencia de Estados Unidos — instituciones que durante décadas han funcionado como el techo del estándar de cuidado en esta enfermedad.
Vale la pena nombrar algo concreto: paneles de este tipo, organizados por hospitales universitarios de primer nivel de Estados Unidos, históricamente convocan mayoritariamente a especialistas de otros centros académicos del mismo nivel — mismo país, infraestructura comparable, volumen de casos similar. La presencia de cirujanos formados y en ejercicio en Latinoamérica en estos espacios sigue siendo poco frecuente, simplemente porque la mayoría de las instancias de discusión de casos de este tipo no incluyen, en su diseño original, a colegas de la región.
Nuestro contexto es distinto en varios sentidos medibles: acceso heterogéneo a terapias biológicas según el país y la cobertura, equipos multidisciplinarios con menos recursos disponibles, y sistemas de salud que con frecuencia retrasan el diagnóstico. Esto último tiene una consecuencia clínica concreta — en nuestra experiencia, una proporción importante de los pacientes con enfermedad de Crohn ileocecal llega a cirugía en fases más complicadas de la enfermedad, comparado con series de centros de alto ingreso.
Esa diferencia es justamente lo que hace valiosa la participación en estos espacios, en ambos sentidos. Discutir casos manejados en centros de referencia internacional nos permite comparar criterios y ajustar el umbral de lo que consideramos «manejable» versus lo que requiere escalar el tratamiento. Y, a la inversa, nuestra experiencia con enfermedad más avanzada y recursos más limitados aporta información clínica que un centro de primer nivel no siempre tiene en su propia casuística.
Por eso valoro especialmente cada instancia de este tipo: porque cada cirujano de la región que logra sumarse a estos paneles amplía, de a poco, quiénes están sentados en esa mesa. La colaboración internacional sigue siendo, para mí, uno de los caminos más concretos para elevar el estándar de atención en Latinoamérica — construida en conjunto, no transferida en un solo sentido.






















